Mi Viaje


Ron Overman hoy y en 1967 (arriba a la izquierda)

Encontrando una Canción Nueva

 

por Ron “Buzz” Overman

Hasta a mediados de mi adolescencia, mi vida consistía de pobreza, asistencia pública, hogares adoptivos, y proyectos de viviendas. Crecí sin un padre, y deserté de la escuela de preparatoria. Después aprendí a cantar, tocar guitarra y escribir canciones, y la música pop vino a ser mi salvador.

En el verano de 1967 a la edad 23 años, la banda con quien yo estaba — Don and the Goodtimes — tocaba semanalmente en la televisión. Teníamos un contrato con Epic Records y fuimos en nuestro primer recorrido nacional con la Caravana de Estrellas de Dick Clark. Dos veces ese año, tuvimos canciones que aparecieron en la Cartelera de las 100 canciones más populares, y un álbum que apreció meses en revistas de música popular — el primer “dinero potencialmente grande” que habíamos visto. Desde la escena local de baile en Seattle nos vimos en el foro nacional como la banda regular de Dick Clark Donde Está la Acción, una serie de TV de los años sesenta. Nuestro primer disco, “I Could Be So Good to You,” debutó en la posición setenta y dos con una marca sobre la Cartelera de los 100 más Calientes.

Para diciembre de 1967 todo se vino abajo a mí alrededor con la Guerra de Vietnam. Una vez más me encontré sin dirección y divorciado. Yo siempre pensé que fue el rock ‘n’ roll lo que me había rescatado de la bajo estima de un muchacho pobre, pero fue realmente Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados.”

Yo nací a finales de la segunda guerra mundial, la era de las grandes bandas. Frank Sinatra, Glenn Miller, y Judy Garland no habían oído la frase rock ‘n’ roll. A mediados de los años cincuenta había dos palabras familiares nuevas: Elvis y rock ‘n’ roll. Cuando cumplí trece años, los padres de un compañero me llevaron a Spokane, Washington, para ver a Elvis. Allí, rodeado de diez mil fanáticos gritando, me di cuenta de lo que quería ser: una estrella del rock ‘n’ roll. Después del concierto, compré mi primer guitarra por unos $30. No mucho tiempo después, estaba cantando y tocando con un grupo pequeño llamado The Gems.

En un baile escolar durante mi noveno grado en la Escuela Secundaria Pioneer Junior High en Walla Walla, fue cuando primero noté a una compañera del noveno grado de trece años llamada Vicki Patterson. Su padre era George Patterson, el maestro de educación física y de taller. Mis amigos me advirtieron que me alejara de ella.

Vicki y yo fuimos novios esporádicos durante nuestra estancia en la preparatoria. Yo siempre pensé que llegar a algo serio impediría mi ambición al estrellato. Aunque Vicki siempre estaba cerca de todo grupo en el cual estuve durante mi ascenso a la cima, me sorprendí cuando me dijo que estaba embarazada. No éramos Cristianos, y aunque nos amábamos uno al otro, el matrimonio parecía ser una complicación que ninguno de nosotros quería en ese entonces. Optamos por un aborto — antes que fuera legal. La hermana mayor de Vicki sabía de alguien que nos podría ayudar.

Al último minuto, Vicki se rehusó hacerse el aborto y nos casamos. Cinco meses después le dije que no quería permanecer casado, y la dejé. Con ocho meses de embarazo, ella regresó a Walla Walla a esperar a nuestro bebé. Todo el tiempo que estuvimos separados y divorciados, nunca le ayudé financieramente, y sólo vi a nuestro hijo, Jasón, una vez.

En Junio de 1968 me reclutó el Ejército y me fui al entrenamiento. No recuerdo un momento más bajo en mi vida. Una floreciente carrera musical se había ido; lo mismo que una esposa y un hijo. Y ahora me enfrentaba a la posible muerte en Vietnam. Por primera vez, me sentí verdaderamente solo. Entonces, vi hacia arriba.

Siempre había pensado que había un Dios. Mi madre era una mujer religiosa a su propio modo y leía la Biblia a diario. Mi romance con las Escrituras empezó en el ejército. Antes de mi instalación en junio, mi madre y yo fuimos a una campaña de Billy Graham. Cuando se hizo la invitación, fui hacia el frente. Yo estaba arriba en la última fila de un estadio enorme, y caminé hacia abajo con lágrimas en mis ojos. Mi pelo pasaba mis hombros. La gente en los pasillos decía, “Dios te bendiga, hijo.”

Durante diez semanas en el entrenamiento militar, estudiaba mi Biblia en cada oportunidad que tenía y comencé a ver que la guerra no era la voluntad de Dios. Yo tenía disposiciones de pelear por Dios y mi país, ¿pero era lo correcto? Comencé a escribirle a mi madre, que era miembro de una iglesia peculiar que guardaba el sábado en vez del domingo, y le hice preguntas sobre este y otros temas. Al leer mis cartas, ella se dio cuenta de cuánta convicción tenía yo y llamó a su ministro en Tacoma.

Uno mañana de domingo mientras estaba desempeñando mis obligaciones en la cocina, pelando patatas alguien de la oficina de mi cuartel me informó que me dirigiera al centro de visitantes. Me dijo que mi padre estaba allí para verme. Yo pensé, ¿Mi padre? Mi madre y mi padre se habían divorciado cuando yo estaba aun muy pequeño, y sólo había visto a mi padre una sola vez desde ese entonces.

Me puse mi uniforme formal y me dirigí hacia donde me habían ordenado. El centro de visitantes era grande, y centenares de padres estaban allí para ver a sus hijos. Sólo se permitía a miembros inmediatos de la familia visitar durante el entrenamiento básico. Caminé buscando a alguien que se pareciera a mi padre hasta que vi a un hombre sentado a la mesa solo. Me saludó y dijo ‘¿Ron?” El hombre parecía tener menos de cuarenta años y vestía un traje azul con su sombrero sobre la mesa al lado de una Biblia.
Caminé hacia él. “¿Papá?”

Él sonrió. “El sargento pensó que yo era tu padre, y no le dije que estaba equivocado.” Después se presentó a sí mismo como el anciano Wesley Walker y me dijo cómo mi madre había hablado con él. Hablamos unas dos a tres horas, y él contestó todas mis preguntas sobre la Biblia. Me sorprendí con la posición de la iglesia sobre lo que él llamó contienda carnal. Él fue el primero que me mostró una manera nueva audaz de mirar la guerra.

Supe en mi corazón que la posición de la Iglesia estaba correcta. La mayoría de sus versos estaban en el Nuevo Testamento, pero Isaías 34:2 fue el que me convenció: “Porque Jehová está airado contra todas las naciones, e indignado contra todo el ejército de ellas; las destruirá y las entregará al matadero.”

En mi mente, siempre habrá guerra hasta que Cristo venga; es la manera del mundo. Pero nosotros no somos de este mundo, sólo estamos en él. Con la ayuda del hermano Walker, me volví pacifista. Después de apelar mi caso durante once meses, me encontraron sincero y me dejaron libre con honores plenos y conducta excelente.

Mientras esperaba la decisión del ejército sobre mi condición, tuve un cambio de corazón hacia mi ex-esposa, Vicki, y nuestro hijo. Comencé a escribirle y enviarle dinero por primera vez en tres años. Ella vino a visitarme en Fort Lewis y encontró a un hombre cambiado.

Cuatro meses después de salir del ejercito, nos volvimos a casar. Dos años después, tuvimos nuestro segundo hijo, una niña llamada Sarah. Vicki se bautizó y vino a ser mi hermana en Cristo así como también mi esposa. Tuvimos nuestro tercer hijo, una niña llamada Beth. El hijo que íbamos a abortar, Jason, es ahora nuestro pastor en Jasper, Arkansas, y escribe para el Abogado de la Biblia. Sarah es un miembro activo de la Iglesia de Dios en Entwhistle, Alberta, Canadá, y Beth asiste a la iglesia de Jasper con nosotros. Vicki y yo hemos cumplido treinta y nueve años de casados (la segunda vez).

Todavía sigo con mi música hoy, pero Dios ha puesto una canción nueva en mi corazón. ¡Vicki, nuestros hijos, y nuestros tres nietos son mis mayores fanáticos!

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